Sin lugar a dudas, mi intercambio a Brasil fue una de las experiencias más bonitas que he podido tener en mi vida. Cuando vi la oportunidad de viajar para trabajar como voluntaria allí, no lo dude ni un momento, dije ¡Si, de una!

¿Qué si sabía portugués? No, porque nunca había tenido la necesidad de conocer el idioma entonces ni siquiera sabía las palabras básicas como dar las gracias o saludar, por ello, antes de mi viaje compre un diccionario de portugués porque temía que fuera muy necesario para poder “sobrevivir”, pero aún tengo el diccionario nuevo porque encontré mucha similitud entre ese idioma y el español, entonces pude acoplarme y entenderlo fácilmente. Hoy en día en mi playlist hay varias canciones en portugués, en mi biblioteca tengo 5 libros en este idioma y aún sigo teniendo conversaciones con mis amigos de Brasil en nuestro “portuñol”.

Cuando llegue a Brasil tuve uno de los recibimientos más bonitos – y que más seguridad y tranquilidad me produjeron – ya que unos chicos de la organización estaban esperándome en el aeropuerto con un cartel que decía “bem-vinda”, ellos estuvieron pendientes de mi experiencia todo el tiempo, tratando de ayudarme en todo lo que necesitara e invitándome a conocer la ciudad en los tiempos libres.

Si me preguntaran como describo Brasil, diría MARAVILLOSO, en un país que por donde caminas encuentras paisajes y lugares hermosos (yo llegue como con tres mil fotos de mi intercambio), conocí lugares hermosos como los lenҫois maranhenses o las cascadas en un parque llamado “chapadas das mesas”, aunque una caminata por la avenida Paulista en Sao Paulo o por la playa de Copacabana en Río también están en mi lista de cosas por repetir.

En mi intercambio viví unos de los días más locos, aventureros y divertidos de mi vida; conocí personas estupendas con quienes hoy, después de 3 años, seguimos hablando y recordando los momentos más graciosos que vivimos, algunos de ellos fueron Sebastián, un paisa cuentero que sabía hacernos reír con sus historias, o Luc, un holandés que siempre nos animaba a conocer lugares nuevos y se armaba el plan en cuestión de minutos. También l@s chic@s de AIESEC hicieron mi experiencia única, solíamos salir con ellos a fiestas, museos y planes en la playa, que incluso compartimos recetas y libros; y esos, los recuerdos que te llevas de las demás personas son, sin duda, lo mejor que te puede quedar después de un viaje.

Cuando la gente me pregunta ¿Qué si volvería otra vez a Brasil? ¿Haría otro intercambio? Mi respuesta será siempre SI, ¿por qué? Porque conocí un país hermoso por donde se le mire, porque conocí personas que me enseñaron el significado de la palabra “”saudades”, porque aprendí mucho de mí misma, porque por primera vez viaje sola, y me rete, me separe del “hotel mamá” ayudándome a madurar un poco y valorar muchísimo más las cosas que tengo en mi hogar, porque aprendí otro idioma practicándolo, como suelo decir “en vivo y en directo”, y porque ahora tengo un pedacito de corazón lleno ganas de volver a ese lindo país.

Toma una experiencia internacional con nosotros:

                                                     

 

Valeria Villamizar
A mi corta edad he aprendido que cada mañana trae su misión y cada noche su lección, pero a veces me gusta quedarme en un atardecer, desafiar la rutina y atravesar nubes, montañas y océanos, sentirme ignorante y curiosa ante lo diferente. Una libreta para plasmar mis pensamientos, una cámara para fotografiar el instante de la eternidad y un separador para no olvidar mis sueños.

Instagram: @11vavi.

                                                     
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